Este plato, para mí, representa una de las perfecciones culinarias de este mundo. Por un lado porque todo lo que incluye masa de fideos y relleno, a pesar de los ingredientes simples, en su conjunto forma algo simplemente maravilloso. Por otro lado porque evoca recuerdos de mi infancia. La versión dulce de los Varéniki, rellena con guindas y cubierta con nata agria y azúcar, siempre ha sido y sigue siendo uno de mis platos favoritos. Para mí, representa las horas de cocinar en familia (desde pequeña ya ayudaba en la cocina, por lo que hoy estoy más que agradecida!). Y también me recuerda los días no tan lindos, estando en cama con fiebre o resfriado (lo que en mi familia significa que todos los demás se preocupaban por uno y se cocinaba todo lo que el o la paciente deseaba) y cuando un plato de Varéniki, preparado por la familia, lo podía mejorar todo.

Esas pequeñas empanadillas llenas de calor son bien conocidas en casi todo el territorio de la antigua Unión Soviética y tienen muchos parientes cercanos y lejanos en todo el mundo: los Ravioli y Tortellini en Italia, Jiaozi y Wantán en China, Maultaschen en Alemania, Pierogi en Polonia, Kreplach de la cocina judía y Pelmeni, los que también se sienten como en casa en el territorio de la antigua USSR.

Los Varéniki en mi casa se rellenaban según las ganas de distintas maneras. Con requesón, con guindas o, como les voy a presentar hoy, con papas/patatas y cebolla. Seguramente existen más versiones, pero éstas son las que se comían más en mi casa. : )

La receta -a primera vista- puede parecerle algo complicada a algunos de ustedes, ¡pero no se desanimen! La verdad, no es muy complicada aunque a lo mejor necesiten un poco más de tiempo para hacer los Varéniki, ya verán que al final vale la pena : ) Lo bueno es que pueden hacer una gran cantidad de Varéniki y congelar la cantidad que no se van a comer enseguida (pónganlos en una superficie enharinada y cúbranlos con papel de aluminio).  Así, cuando tengan ganas de Varéniki pueden simplemente cocinarlos en agua hirviendo hasta que estén flotando.

¡Las siguientes cantidades de los ingredientes sirven de orientación! ¡Atrévanse a confiar en su sentido común y a determinar las cantidades correctas usando sus manos!


Harina (aprox. 600gr)

1 cucharadita de sal

Agua

Patatas (aprox. 600gr)

2 cebollas

Aceite de girasol

Mantequilla

Eneldo (opcional)

2 hojas de laurel

Nata agria


Primero nos ocupamos del relleno (básicamente un puré de patatas) para que pueda enfriarse un poco mientras que preparemos la masa más rato. Pelamos y lavamos las patatas, las cortamos por la mitad y las ponemos a cocinar en una olla con agua y algo de sal.

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Mientras tanto pelamos las cebollas, las cortamos en cuadraditos y las freímos con un poco de aceite hasta que estén doraditas.

En cuanto las patatas estén cocidas, verter el agua y hacer un puré. Para obtener una consistencia suave, agregar un trocito de mantequilla (aprox. del grueso de un dedo). Ahora podemos agregar la cebolla, sal a gusto y si quieren, un poco de eneldo. Mezclar todo y dejar enfriar.

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Para la masa, mezclamos la harina con la sal en una fuente mediana y agregamos, poco a poco, el agua tibia. Entremedias amasamos bien con las manos y agregamos, según consistencia, un poco más de agua o, si la masa está muy pegajosa, agregamos más harina. En cuanto se haya formado una masa homogénea que no se quede pegada ni en la fuente ni en sus manos, pasamos a la parte donde entrenamos los brazos: Amasen la masa en una superficie enharinada por unos 10 minutos hasta que quede blandita y suavecita.

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Extiendan la masa con un rodillo en una superficie enharinada para que quede delgada. Pueden dividir la masa en varios pedazos para esto. Recuerden que la masa tiene que soportar un relleno, así que no la extiendan demasiado (pero no más de 0,5cm de grosor). Ahora cortamos círculos de la masa extendida. Para ello pueden usar un molde o un vaso para beber (usé un vaso de aprox. 7cm de diámetro).

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Poner una cucharadita de relleno en el centro de cada círculo de masa.

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Cubrir el relleno doblando la masa a la mitad y cerrar los bordes con los dedos. Es importante que cada Varénik quede bien cerrado para que no se nos vaya flotando el relleno al cocinar. Ya aprendieron la forma básica de cerrar un Varénik, pero hay varias maneras más de hacerlo: pueden “pellizcar” los bordes o enrollarlos para que queden como en la siguiente foto:

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Colocamos los Varéniki listos en una superficie enharinada (bandeja, plato, tablita de cortar, etc) para que no se peguen. En cuanto hayan acabado con toda la masa, poner a hervir una olla de agua con las hojas de laurel. Cuando el agua esté hirviendo, vayan echando los Varéniki con cuidado (dependiendo del tamaño de la olla aprox. 15-20 a la vez) y remuevan una vez con una cuchara de palo para que no se peguen. Dejar cocinar hasta que suban a la superficie. Los sacamos con cuidado con una espumadera y los servimos cubriéndolos con nata agria, sal y pimienta.

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Y ahora, ¡dejen todo lo demás de lado y disfruten de sus Varéniki mientras que estén calentitos! : )

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One thought on “Varéniki – Un cálido abrazo en un plato

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